The Last Jedi: tecnología y gusto

Por @franciscoxec

Ir al cine a ver Star Wars se está convirtiendo en una tradición de fin de año (al menos para mí). Y al igual que en anteriores ocasiones, esta vez asistí sin esperar demasiado; solo con la intención de pasar un buen rato y, además (lo admito), con el gusanillo de probar una tecnología que era novedad para mí: los asientos D-BOX.

Una vez que terminó todo, supongo que mi impacto fue comparable al de quienes, estando acostumbrados a ver películas en blanco y negro, vieron por primera vez una a colores. A esa gente no sé si mucho o poco les importó aspectos como el guión o el nivel de las actuaciones, pero aquella novedad cromática pudo haber sido una de las mejores experiencias cinematográficas de sus vidas.

También en 3D

Y no solo eso, que The Last Jedi estaba en 3D, haciendo de la batalla espacial que abre la película una experiencia orgásminca que me hizo gritar de emoción al final de la escena con un “yeehaaa”… pero no solo por el 3D sino, sobre todo, por el D-BOX; aquellos asientos que se movían coordinadamente con los desplazamientos de la naves espaciales, haciéndome sentir que las estaba pilotando.

Aquella combinación “cámara subjetiva-asientos movedizos” la viví previamente hace 30 años, pero en un parque de diversiones en Florida. Aquella vez, la proyección era simplemente la de una montaña rusa en dibujos animados, pero junto con los ‘asientos mágicos’, se vivía un auténtico vértigo.

Regresando a The Last Jedi, está de más ‘confesar’ el gran momento vivido. No quiero quitarle méritos a otros aspectos de la película, que, gracias a la pluma y a la dirección de Rian Johnson, cinematográficamente superó a The Force Awakens (la primera parte de esta trilogía de Disney), pero la verdad es que el D-Box más el 3D lo fueron todo para mí.

Las máquinas también se sienten solas.

¿Pero fue The Last Jedi la mejor película de ciencia ficción que vi en 2017? Por mencionar solo dos, Blade Runner 2049 y Arrived (de 2016), hay fuerte competencia, pero tengo que ser sincero: la que me hizo gritar fue la producción de Disney. Y si cinematográficamente no fuera la más destacada, es la que me hizo vibrar. Es más, en la salida, una de mis acompañantes comentó: “Mejor que lo de Bjork en el CCCB”. A ver, que lo de la islandesa no es una valla muy alta que digamos, pero sirve de referente y para constatar que la comparación más inmediata no fue con otra película sino con una exposición sobre realidad virtual.

Algo similar me pasó con Kraftwerk y su concierto 3D en el Sònar en 2013, donde pude entrar en un mundo diferente y vivir otra realidad por un par de horas, lo suficiente como para dejarme perturbado hasta el punto de sentir dolor cuando todo acabó. En común, tanto Kraftwerk como Star Wars están sólidamente respaldados por ideas y conceptos, lo que potencia las propuestas que de ellas salgan. Pero la diferencia entre ambas es que, artísticamente, el grupo de Ralf y compañía no me produce dudas, mientras que la saga cinematográfica sí. He ahí el origen de mis dilemas.

Puede que, en un futuro, todas estas tecnologías sean un plato común y muchos podamos apreciar con más objetividad las películas que hacen uso de estos artilugios. Así, yo podría darle más importancia a algunas resoluciones a conflictos que me sorprendieron en esta película o criticar con más ahínco el absurdo maquillaje de Rey (Daisy Ridley), pero por ahora, cada vez que recuerdo haberme sentido en la misma cabina del díscolo piloto Poe Dameron (Oscar Isaac), no puedo más que sonreír sutilmente e intentar no distraerme con lo que tenga que hacer en el momento; todo gracias a D-BOX Technologies Inc. 

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Volkoff en directo

El sábado 7 de Octubre con Flash Zero (Tour de la Tierra, Barcelona) actuarán las formaciones barcelonesas ECM, Turbolover, World to Zero y Volkoff, amigos y militantes, y fans del trabajo de la banda madrileña.

Eduard Ollé, antes en Electrophobia, vierte todas su bestialidad en las potentes bases synthpop que Juanma Molina remata en clásicos de la New Wave con voz ochentera y letras conmovedoras en inglés. Si este dúo fuera británico su trayectoria sería probablemente muy distinta, pero estamos en Barna. En directo, podremos ver a Volkoff este año sólo en conciertos muy especiales, con VNV Nation por ejemplo.

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Entrevista a 2G1B, chiptune tropical

por @SandroideV

Julián Carrara es un talento inquieto, no para de hacer cosas: es malabarista, es técnico de sonido en varios frentes y es músico. Con su proyecto de chiptune, Two Games One Boy, o mejor 2G1B, consigue una mezcla contundente que es cruda y es fresca, y experimenta con ritmos, sonidos y melodías que resultan del coqueteo entre lo tropical y lo oscurito. Nos conocimos en Canet de Mar, pero es en Madrid donde nos hemos reencontrado.

2g1b-madrid

FSF >> ¿Qué es 2 Games 1 Boy?
2G1B >> Es un proyecto de chiptune, música hecha con consolas, compus viejas, trackers. A nivel técnico y cacharrístico, suelo producir y tocar en vivo con dos Nintendo Game Boys, usando un tracker nativo que se llama LSDJ. También suelo utilizar NES, OPL3 con Adlib Tracker y Commodore 64. A nivel musical, todo está enfocado hacia el folclore latino americano y a la música club, global bass.

FSF>> ¿Qué planes tienes con ese proyecto?
2G1B >> Siempre estoy produciendo música nueva y tocando por todas partes, aunque en el último tiempo estoy más relajado con este proyecto metiéndole más cabeza al estudio donde trabajo: Chip Lab, del Colectivo Cenika, al que pertenezco.

FSF >>¿Qué otras cosas haces musicalmente?
2G1B >> Trabajo con otros artistas en una especie de rol de productor. A veces de guitarrista o sintetista. También, cuando me aburro, me junto con Selector Guita, gurú del easy money.

FSF >> ¿De dónde de salió tu vocación por la música?
2G1B >> Por mis padres y mi entorno cotidiano, desde pequeño me llenaron la cabeza de música.

FSF >> ¿Cómo la has ido desarrollando?
2G1B >> Estudié guitarra con varios profes. Luego la parte de síntesis y medios electrónicos la desarrollé como autodidacta. Empecé con 16 años y aún sigo sintiendo que no sé una mierda. Eso me gusta.

FSF >> ¿Cómo está Madrid respecto a lxs músicxs locales?
2G1B >>Madrid, por suerte, tiene una propuesta súper amplia. Hay músicos y proyectos de todos los estilos. No es difícil tocar, y hay de todo para todxs. Aunque a nivel monetario no es nada bueno. Y los espacios públicos para ensayar no abundan. Pero uno se puede desarrollar bastante bien como músico.

FSF>> ¿Cómo se vé la escena barcelonesa desde allí?
2G1B >> La verdad que es algo que nunca pensé. Aunque he sonado varias veces allí, no la conozco mucho.

FSF >> ¿Qué experiencia te gustaría vivir con la música?
2G1B >> No sé, todas. Poder seguir teniéndolas sería lo que más me gustaría.

FSF >> ¿Te gusta la ci-fi?
2G1B >> El ci-fi de Hollywood me gusta para hacer la digestión. Sí me gusta Philip K. Dick.

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Santi Contubernio (entrevista)

por @SandroideV

Cuando nos entrevistaron en el programa Llums de Tunguska, tuve la ocasión de escuchar algunos temazos del sello madrileño Contubernio, y encontré rasgos en común con el Frente Sónico Futurista, así que fui a curiosear. Me parece un sello interesante y con personalidad, y buena gente, así que aproveché un viaje a Madrid para encontrarme con el simpático Santi Contubernio, entusiasta que está detrás del proyecto, que empieza en 2006.

Santi: A finales de los 90 yo ya había hecho música, bueno, grabaciones y experimentos en casa, había empezado a sacar mis maquetas. Sacaba cosas como Wanker Records Ibérica. Tuve un problema con una discográfica punk alemana, así que tuve que añadir lo de Ibérica. Eran muy punks y anarquistas – se ríe – pero lo primero que hicieron fue intentar demandarme. Yo en aquella época no sabía. Con el tiempo empezamos a juntarnos diferentes personas y decidimos hacer un net label, un colectivo…algo parecido, quizás, a lo vuestro. Un colectivo para hacer cosas.

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