“La ciencia ficción: un anacronismo»

por Luis Malivern de Arcos // Imágenes por Maracaibo

«Peregrinus sum apud vos» Génesis 23.4.

Contra el tiempo, a contra pelo, Deucalión en submarino acechando el Arca, un pato de goma apadrinando el bautizo del Nazareno.

Anacronismo. Me descubro anacrónico, cada mañana…disculpad el solipsismo. Pero, ¿quién no se siente así?: Anacrónico, y no primitivo de la nueva era como prometen oráculos togados. En la medida en que uno genera su propio tiempo, su propio relato, cree combatir contra la caducidad biológica. Todo el mundo se afana ahora en contar su historia sobre luz que huye.

Peregrinos que antaño perseguían caza que a su vez buscaba pastos, ahora fotones combinados que persiguen sombras enjauladas, que a su vez son señuelos de la nada. Promesa, pues, de fuga inminente, de evasión, ¿un manual de uso para un futuro esperanzado?, ¿la historia de un Argamenón del que renacerán nuevos titanes y prometeos salvíficos para los homúnculos mutantes?, ¿era eso la ciencia ficción?

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Combínese cómo se quieran estas variantes de una épica abortada, permanecerán trabadas por el alambre del tiempo, las ensarta como cabelleras arrancadas. El tiempo, esa flecha disparada desde la oscuridad del origen, desde el fondo de la caverna, y que sigue una trayectoria cierta hacia cualquiera que sea la diana. Esta es la visión teleológica y esperanzada sobre la que a horcajadas viajaba gran parte de la humanidad. Al menos esa parte que se ha arrogado el derecho de representar el todo y de escariar la superficie, el cielo y el subsuelo del planeta con su marca de Caín.

Esa parábola ascendente que jamás había de ser truncada fulminó a todos los daimones para crear un páramo de luz cegadora. Ilumina así la doble verdad: esta flecha no voló jamás y jamás alcanzará ni a la liebre ni a Hércules. Tanto da.

La Historia, el tiempo social, no puede ser lineal; es cíclico. Como la revolución de las constelaciones, el ciclo lunar y de cosechas, todo ello tiene un origen animal: tiende, pues, a la espiral. No disparamos flechas al futuro, más bien saludamos a la destrucción con una sinfonía de matasuegras, regresivos en espiral. Abolido el tiempo al fin. Anacrónicos. Verne, Spock y todos los espejos negros se ahogan en un mundo sin noche. Sin tiempo.

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