LA TRILOGÍA EASTRAIL 177 de M Night Shyamalan

por Eirie

(con algún que otro spoiler…)

La trilogía Eastrail 177, del director M. Night Shayamalan, compuesta por Unbreakable, Split y Glass, es una serie de películas que toman el género cinematográfico del superheroísmo y lo desgarran para darle una vuelta de 180º grados respecto a la perspectiva que pretenden vendernos otras sagas más espectaculares.

Al poner el foco de atención sobre los vaivenes de sus vidas (no sobre conflictos violentos con una escala de consecuencia cuasi-apocalípticas), cada protagonista genera una tensión intrapersonal que traspasa a las relaciones que establecen entre sí a través de un elenco de actores y actrices con nombres como Samuel L. Jackson, Bruce Willis, Anya Taylor-Joy, Betty Bluckey, James McAvoy o Sarah Paulson. Además de su interpretación, la caracterización es buena tanto en la vestimenta como en el juego de colores y detalles que van encontrándose.

La psiquiatra Dra. Ellie Staple (Sarah Paulson) en su sala rosa, tono que hemos bautizado entre amigxs como «rosa cruel» en honor al personaje.

La historia se presenta en espacios bien dispuestos y diseñados a base de tonalidades sucias que dejan claro que ni los héroes ni los villanos son lo que aparentan. La espeluznante comprensión de la envergadura del proyecto y de los movimientos de los personajes dentro de esos niveles de relación es estremecedora. Al añadir una buena dosis de terror psicológico y cierta duda sobre la naturaleza y experiencia humanas puedes encontrarte fácilmente perdiendo unos segundos de metraje en ideas y reflexiones espontáneas, pero eso, en mi opinión, es parte del electrizante atractivo de esta trilogía.

Eastrail 177 utiliza de forma interesante los cortes de escena y saltos en el tiempo para que, sin poner un énfasis especial, puedas haberte fijado en detalles de escenas anteriores bien ubicados y con la suficiente grisura entre la evidencia y el disimulo como para estimular muchos momentos de “y sí…” sin comprometerse ni obligar a una malinterpretación flagrante.

Mr. Glass (Samuel L. Jackson)

Detalles como el cómic que le regala la madre a Mr. Glass, con los parecidos arquetípicos Héroe y Bestia, y el comentario que suelta sobre el “final sorpresa”, tienen muchísimos niveles de repercusión incluso a través de las tres películas, como también el color púrpura vivo del interior de la chaqueta de Elijah/Mr. Glass,  en comparación con un morado mucho más oscuro del exterior, que simbolizan una voluntad de pasar desapercibido y una inteligencia y autoridad importantes, o también las descripciones que él mismo hace de la analogía entre los dibujos del héroe y el villano y la fisonomía de los personajes que se dan en la película, haciendo alusión a la constitución más firme del héroe y a la desproporción de la bestia y sus rasgos más agrestes; así como otras analogías reflejadas sin explicación directa pero que logran comunicarse de forma entendedora, como la relación entre presa y depredador.

Los filmes están construídos en forma poética y se nota cuando ves a Mr. Glass usar guantes –no puedo dejar de pensar en “evitar dejar rastro” –, y su bastón de cristal rompiéndose cuando cae por las escaleras haciendoel símil con su columna vertebral fracturada.

En clave más cercana a la del contexto social en el que ocurren los films encontramos otro tipo de detalles que se entrelazan con la trama dándole una base arraigada a la realidad más mundana. Cosas como la supremacia masculina, que excluye a la mujer de la acción, el tema del divorcio que afecta a las tensiones humanas, o el planteamiento del tema homo homini lupus de predación social. También es interesante notar que hay una apertura al debate sobre las patologías mentales, sus orígenes, mecanismos y funciones en las personas y en la sociedad. Todo eso nos recuerda que esa existencia sigue siendo algo corriente y nos devuelve un poco a la idea de un superheroísmo mucho más realista y embrutecido por esa mediocridad social y la conservación del status quo.

Betty Buckley, la Doctora Karen Fletcher en Split (2016)

La explicación entre mito y hecho de la mitología y los cómics permea la trilogía, de forma más o menos evidente, y una analogía que me parece interesante e importante es la comparación muda del hijo de Bruce Willis cuando hace referencia a un supuesto “código de héroes” cuando en realidad señala a seguir un comportamiento ético, no meramente moral, sino aquello que internamente creemos correcto y justo. En los cómics, uno de los títulos es “sentryman”, tal vez un presagio del sobrenombre de Overseer. La racionalización que hace la psiquiatra joven para convencer tanto a Mr. Glass, como a Overseer y Split, cuando es vista desde fuera no termina de sustentarse y menos después de las otras películas, pero para hacer bien el ejercicio deberíamos obviar que sabemos eso, su situación de autoridad le da una ventaja sobre sus pacientes quienes, reluctantes y mentidos, terminan por creerla, excepto Mr. Glass.

Bruce Willis en Unbreakable (2000)

En Split, la segunda película, hay varios momentos de comparación entre la cacería y el secuestro, en la actitud con la que Casey maneja la situación y el cómo y porqué toma las acciones que toma y, aunque es un secreto a voces, al final vemos que ella también está “rota”, según las palabras de la Bestia, y sobrevive por ese motivo. Se toma la molestia de conocer a su presa, sus “personas” y sus movimientos, aprende a reconocerlas, está jugando en la línea entre presa y predadora. Observando al personaje múltiple de James McAvoy, vemos como hay un juego interno, las razones de su existencia y la relación entre las características de cada persona y el trauma que ocasionó su nacimiento, usando como ejemplo a Patricia como figura maternal interna o a Barry como rol masculino, a Dennis y su obsesión por el orden y la limpieza o a Hedwig representando esa infancia reprimida y perdida que se manifiesta de nuevo, et cétera…

James McAvoy en la personalidad de Hedwig

En la última, Glass, el hijo de Overseer está ayudándole, pero la mayor parte de la acción se da en el sanatorio psiquiátrico, donde la Dra. Ellie consigue hacer que Split cambie de personalidad mediante un juego de luces, esa misma “luz” que es el término que ellos usan para determinar el concepto de consciencia en vigilia. En ese punto es interesante la relación de uno de los celadores con Jade, otra persona de Split, que se deja seducir, pudiendo hacer dos lecturas, bien que el celador es simplemente es un pervertido -lo que echa una pulla al sistema psiquiátrico- o bien que el celador realmente lee ese comportamiento femenino en Split y es un pervertido.

El final desgarrador de la película muestra una empatía escondida en la Dra. Ellie que, aunque pone por delante lo normativo por el bien de una paz civil, admite que ella personalmente hubiera pasado por alto la existencia de Overseer y eso pone de manifiesto varias cosas: en primer lugar que ella como humana prefiere la existencia de una superhumanidad o metahumanidad ética y segundo que ella como oficial de su organización está atada y se ve obligada a no actuar en favor, aunque lo hace conscientemente. Es un personaje complicado, creo. Hay una clara sugerencia del amor incondicional como forma de poder: La honestidad y el conflicto interno en ambas psiquiatras, e incluso en Casey,  pese a una diferencia de opinión en cuanto al curso de acción que debe tomarse frente a este tipo de sujetos, establece un dialogo filosófico indirecto a través de las películas.

En la sala de la Dra. Ellie

Definitivamente, es una trilogía genial, de la mano de un autor y un equipo de actuación muy buenos y tiene una trama potente que devuelve el heroísmo a un marco mucho más próximo, más realista, ofreciendo una bocanada fresca tras tanto empacho taquillero espectacular.

 

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