
La primera y más chocante impresión al revidear Back to the future Part II (1989) es el trato que recibe la pobre Jennifer, la novia del prota, que pasa de ser Claudia Wells a Elisabeth Shue, con el mismo peinado y vestuario, como si nadie fuera a notar que son dos actrices distintas. Vale que la mayoría de pelis no pasan el Test de Bechdel, y vale que con el paso del tiempo la mayoría de ellas evidencian un machismo de repelús, pero es que aquí en el primer minuto ya se están cargando cualquier esperanza de aventura inclusiva. Sigue leyendo
