VESTIDA PARA ORBITAR en…

CALENTAMIENTO GLOBAL
por Musidora

El calentamiento global o cambio climático viene siendo el cuento del lobo desde hace décadas. Es como los caminantes blancos de Juego de Tronos.

En 2015, la mitad de la población lo consideraba un problema muy serio. Las economías de China y USA son las principales emisoras de CO2, seguidas por India, Rusia, Japón y Alemania. Los estudios y observaciones sobre el aumento de las temperaturas del sistema climático terrícola no han sido rebatidos por ninguna organización científica y tiene el consenso de la comunidad. ¿Por qué, entonces, no se realizan actos de urgencia por parte de gobiernos e instituciones y sobre todo de empresas? Esta podría ser una respuesta:


La repercusión de Extinction Rebellion (XR), un movimiento social de origen británico que nació en 2018 con la intención de visibilizar los problemas del calentamiento global y la extinción masiva de especies e influir sobre el gobierno respecto a políticas medioambientales a través de acciones pacíficas. XR tiene representación en Barcelona, Madrid, Galizia, Asturies, Ciudad Real, Valencia y otras zonas ibéricas. Disueltos entre miles de movimientos locales y globales que hacen frente a las distintas problemáticas actuales, parece que la alerta de un cambio climático de efecto planetario no llama con la fuerza suficiente a quienes tienen el poder y la responsabilidad de hacerse cargo del asunto.

Pedro Sánchez, el reluciente presidente actual del Gobierno español, no solamente manifiesta ser consciente del cambio climático si no que además llama ignorantes a quienes lo niegan y parece que la lucha ecologista es uno de los puntales sobre los que apoya la campaña electoral interminable a la que se dedican presidentes y alcaldes de cualquier cosa, y también sus oponentes, en esta política de paripé que se viene practicando. De momento, el Ministerio de Transición Ecológica existe, algo impensable no hace tanto, y se baraja la posibilidad de elevarlo a la vicepresidencia. Y así los tronos del juego siguen moviéndose como fichas sobre el tablero loco de la política. Sea como sea, el calentamiento avanza y sus efectos también. Presionar a los países más contaminantes puede ser la única acción posible, y grupos como XR o Greenpeace (con el modelo Jon Kortajarena como reclamo visible estos días), entre otros, dedican recursos humanos y económicos para visibilizar y alertar de los efectos que ya se producen notablemente alrededor del globo.

Responsabilizarse de nuestro planeta es algo que se debería tener como un hábito, al ser, en realidad, la única actitud razonable. Debería exigirse en cualquier persona que participe en la gestión de los recursos comunes ya sea desde la administración pública o desde la producción. A cualquier partido o empresa. Toda nuestra sociedad debería estar entrenada en esa responsabilidad, y no hacen falta jipismos para eso. Solamente lógica.

Pero el ser humano es complicado, y a veces le ciega la codicia o la ignorancia. Muchas campañas de las elecciones de 2019 han usado en el lema la palabra «futuro», como lo hacen en la publicidad de bancos y aseguradoras. Veremos si ese futuro se les deshiela en las manos o pueden pasar de puntillas por encima de la cresta de la ola de calor y vivir como reyes. Total, en un momento u otro todo ser humano se acaba dando cuenta de que le queda muy poco sobre la faz de la Tierra y que más vale aprovechar. O bien se puede ir llegando a unos mínimos en los que, le toque al partido que le toque, al careto que le toque, el dinero que se gane, se respeten de entrada tanto los derechos humanos y civiles como el entorno, en vez de dedicarse a opinar en cuestiones morales y sentimentales con las que tanto adornan el vacío de gestión para esconder los enormes monstruos que dejan a su paso los gobiernos.

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